La delicia canina corre con el viento y lame las heridas. Nacida del asfalto, sus piernas duras de hormigón y leves como el aire les permiten recorrer distancias enormes sin cansancio ni sudor. Prefieren los climas otoñales porque resaltan sus colores. El primer registro de estas delicias data del tratado románico del siglo II a.c., Cynegeticus de Arriano de Nicodemia, cónsul de la Bética. Allí se los clasifica detalladamente, sus piernas galopando detrás de las presas de la Roma.
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